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Inflação, energia e o que já tá mudando no mundo real

Inflación, energía y lo que ya está cambiando en el mundo real

La escalada del precio del petróleo ha dominado las conversaciones de sobremesa, de ascensor, del café y de la cena, ¿verdad? Pero esto es solo la punta de un iceberg (que se desprendió de un glaciar debido al calor extremo). Al fin y al cabo, los efectos negativos de las recientes tensiones geopolíticas sacan a la luz un viejo conocido nuestro: la dependencia de los combustibles fósiles.

Sí, el aumento del precio de la gasolina, el diésel y el combustible de aviación (y su escasez en los surtidores) presionan los costes de transporte, alimentación, ocio y, en consecuencia, pueden elevar el tipo de interés mínimo y la inflación. Según los expertos, incluso con el fin de los conflictos, la tendencia es que los valores no vuelvan a los niveles anteriores, como ocurrió y está ocurriendo con el café, el aceite de oliva, el cacao…

Estos cambios permanentes muestran que estamos viviendo en la era de la convergencia, en la que una serie de señales interconectadas apuntan a transformaciones inevitables. La futurista Amy Webb, por ejemplo, dejó de publicar el famoso informe de tendencias en 2026 para compartir una guía de orientación para decisiones estratégicas sobre acontecimientos que ya se consideran ciertos e irreversibles.

Esto indica que temas como la transición energética ya no deben tratarse como una posibilidad, sino como una necesidad real para hacer frente a la crisis climática. Al fin y al cabo, las matrices energéticas renovables no dependen del petróleo, el carbón mineral o el gas mineral, presentan menores emisiones de carbono y, obviamente, también plantean nuevos retos.

Ah, y ya hay proyectos en marcha. La ciudad de Ann Arbor, en Michigan (EE. UU.), está implantando su propia empresa de energía limpia. ¿Y cómo se está haciendo? El ayuntamiento está instalando paneles solares, sistemas de baterías y otras infraestructuras en el barrio de Bryant.

La idea es que la electricidad generada sea utilizada por la comunidad local, convirtiendo a la empresa de servicios públicos convencional (que utiliza combustibles fósiles) en un mero proveedor complementario. ¿El resultado esperado? Menos gases de efecto invernadero en la atmósfera y más ahorro en el bolsillo, mmm.

 

 

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